‘Prevención y hábitos saludables: construyendo la salud del futuro’ reúne a representantes institucionales, profesionales sanitarios y pacientes para abordar los retos de la prevención a lo largo de la vida.
La prevención debe ocupar un lugar prioritario en la agenda sanitaria para responder al envejecimiento poblacional, al aumento de las enfermedades crónicas y a la carga creciente de las infecciones respiratorias en las personas mayores. Esta ha sido una de las principales conclusiones de la jornada ‘Prevención y hábitos saludables: construyendo la salud del futuro’, organizada por el Observatorio de Salud, con la colaboración de CSL Seqirus, celebrada este martes en Madrid.
El encuentro reunió a voces institucionales, profesionales de salud pública, geriatría, medicina preventiva, vacunología, atención primaria y representantes de pacientes para analizar cómo convertir la prevención, la vacunación y los hábitos saludables en una política estructural, sostenida y cercana a la vida real de la ciudadanía.
Durante la ponencia inaugural, Elena Andradas Aragonés, directora general de Salud Pública de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, defendió la necesidad de entender la prevención como una inversión estratégica en salud y no como un gasto. “La inversión en salud y en políticas de prevención va a ser determinante para la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario”, subrayó.
Andradas recordó que los programas preventivos deben basarse en la mejor evidencia científica, pero también ser aplicables en la práctica asistencial diaria. Además, apeló a reforzar la alfabetización sanitaria para que la ciudadanía pueda tomar decisiones informadas sobre su salud a lo largo de toda la vida.

Ángel Gil de Miguel, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos, incidió en la necesidad de trasladar la evidencia científica a hábitos reales. “La prevención solo funciona cuando consigue salir de los documentos técnicos y convertirse en hábitos cotidianos, mantenidos en el tiempo y adaptados a la realidad de cada persona”, señaló.
La mesa ‘Hábitos que construyen salud: claves para un envejecimiento saludable’ contó con Marta Molina Olivas, Cristina Bermejo Boixareu y Pilar Arrazola Martínez, que coincidieron en la necesidad de abordar el envejecimiento desde una perspectiva integral: vacunación, actividad física, nutrición, bienestar emocional, educación sanitaria y continuidad asistencial.
Marta Molina Olivas, subdirectora general de Prevención y Promoción de la Salud de la Comunidad de Madrid, defendió que la vacunación debe integrarse en las estrategias de promoción de la salud. “Cualquier contacto con el sistema sanitario tiene que ser una oportunidad preventiva y, si no lo es, es una oportunidad perdida”, afirmó.
Cristina Bermejo Boixareu, presidenta de la Sociedad Madrileña de Geriatría y Gerontología, puso el foco en el ejercicio físico y la nutrición como pilares preventivos. “Es fundamental y básico que todos los profesionales sanitarios prescribamos ejercicio físico con la base tan sólida que tiene”, señaló, recordando que el pronóstico de las personas mayores depende más de su situación funcional que de la edad.
Pilar Arrazola Martínez, jefa de Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario 12 de Octubre, reclamó que el hospital sea también un espacio activo de prevención. “La prevención es longitudinal, personalizada y coordinada, y todos tenemos que aportar”, concluyó.

El bloque sobre epidemiología respiratoria y envejecimiento abordó la utilidad de los datos para planificar mejor las políticas preventivas. Araceli Arce Arnáez, subdirectora general de Vigilancia en Salud Pública de la Comunidad de Madrid, recordó que la vigilancia permite anticipar necesidades y adaptar la respuesta sanitaria. “La vigilancia en salud pública consiste en obtener de una manera ordenada la información para la acción”, explicó.
Arce señaló que las infecciones respiratorias agudas siguen generando una carga hospitalaria especialmente relevante en personas mayores. En este sentido, recordó que, aunque las consultas en Atención Primaria afectan a todos los grupos de edad, los ingresos se concentran fundamentalmente en los mayores.
Ruth Gil Prieto, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública y directora de la Cátedra de Vacunología de la URJC, subrayó que la carga de enfermedad respiratoria no depende solo del virus, sino también de la vulnerabilidad acumulada, la comorbilidad y la inmunosenescencia. “Es muy importante poner en la palestra no solo los parámetros propios del virus, sino también los parámetros propios de la población que envejece”, corroboró.
La gripe centró otro de los bloques de la jornada, con la participación de Soledad Cañellas Llabrés, jefa de la Unidad Técnica de Gestión de Programas de Vacunación de la Comunidad de Madrid, e Isabel Jimeno Sanz, responsable del grupo de vacunas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia.


Cañellas explicó que una de las principales barreras de las campañas es la variabilidad en la percepción del riesgo. “Tenemos que ser capaces de trasladar el beneficio de la vacunación. Si no sabemos trasladarlo, la vacunación no se sentirá como una necesidad”, advirtió. También destacó que la Comunidad de Madrid ha vacunado a 1.633.440 personas en la campaña antigripal, un 7,3% más que en la anterior.
Desde Atención Primaria, Isabel Jimeno Sanz recordó que la gripe vuelve cada temporada y nunca puede considerarse un problema menor. “La gripe es previsible, pero eso no significa que sea un problema menor”, resaltó. La especialista reclamó mensajes más adaptados a cada perfil de riesgo, alertas integradas en la historia clínica y tiempo asistencial para poder recomendar la vacunación de forma efectiva.
El último bloque de la jornada abordó cómo convertir las recomendaciones sanitarias en hábitos cotidianos. Mariano Pastor, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Pacientes Alérgicos y con Enfermedades Respiratorias, aportó la perspectiva de quienes conviven con enfermedades respiratorias crónicas. “Para los pacientes respiratorios, la prevención no es un concepto abstracto: significa evitar una descompensación, un ingreso, una pérdida de autonomía o un empeoramiento de la calidad de vida”, señaló.

Pastor defendió el papel de las asociaciones de pacientes para acercar información comprensible, mejorar la adherencia a las recomendaciones y reforzar la coordinación entre profesionales, administraciones y ciudadanía.
A lo largo del encuentro, las intervenciones coincidieron en que la prevención debe entenderse como una política estructural y no como una actuación puntual. La vacunación a lo largo de la vida, la actividad física, la nutrición, el bienestar emocional, la vigilancia epidemiológica, la medición de resultados, la continuidad asistencial y la participación de los pacientes emergieron como elementos esenciales para responder al envejecimiento poblacional y a la carga creciente de enfermedad crónica y respiratoria.
La jornada concluyó con un mensaje compartido: avanzar en prevención requiere liderazgo político, evidencia científica, inversión sostenida, coordinación entre niveles asistenciales, comunicación eficaz y una mayor implicación de la ciudadanía.



